Nuestra empresa tiene como mayor fortaleza la experiencia que la
historia familiar nos aporta llevado al estricto cuidado de sus vinos.
Luego de una cuidada molienda, controlada de cerca por nuestros enólogos, los principales varietales descansan por un prolongado período en nuestra cava ubicada en el sótano de la bodega. Ahí reposan en botella y barricas de roble francés, para adquirir los definidos ribetes que poseen nuestros vinos y los hacen especiales.

A principios del siglo pasado Don Hipólito Labiano y su esposa , como tantos inmigrantes ,llegan a la Argentina desde España, con el fin de progresar en las fértiles tierras de los valles mendocinos.
Aquí nacen sus hijos, Francisco y Miguel. La familia, después de algunos años regresa a España, junto a las afectos que allí habían quedado. Pero en los recuerdos de Hipólito y Juana, esa tierra árida pero fértil no se desvanece y deciden volver, eligiendo para ellos y para su prosperidad, este suelo como su hogar.
Es así es como desde 1.925, se asientan definitivamente en la localidad de Rama Caída donde fundan una pequeña bodega y comiezan con la plantación de los primeros viñedos.
A la muerte de su padre, Don Francisco Labiano sigue avanzando en los cultivos de vid y frutas. En 1970, se crea una planta desecadora donde secan las frutas cosechadas en plantaciones propias.
En 1.972, Don Francisco junto a su hijo Oscar consolidan esta empresa, ampliando su producción, mejorando la calidad y realizando permanentes inversiones.
Hoy, la empresa está integrada por la cuarta generación de la familia, que con sangre joven, sigue oxigenando una obra centenaria y conserva el mismo espíritu de trabajo que sus antepasados.
“El vino es también un objeto de placer, casi una obra de arte, que no permanece inmutable una vez que el artista termina su obra. Cambia, evoluciona se enriquece.
Es un producto VIVO y es precisamente esa condición lo que lo hace apetecible y vulnerable”

“y hoy que danza gozosa coronada de pámpanos
Y que la vid proclama su opulencia triunfal
Canto a todos los hombres que han venido de lejos
Por los caminos múltiples de la tierra y del mar,
Y en nombre de este suelo les digo estas palabras
Que a través de los siglos oiremos resonar:
¡Gloria a Dios en las alturas
Y paz a los hombres de buena voluntad!”
(Alfredo Bufano, poeta sanrafaelino)
